POLITICA El gobierno de Milei se suma a la propuesta de Trump de resucitar la Doctrina de Seguridad Nacional
17/07/2026
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Hubo más de 60 representantes de países de todo el mundo. Pablo Quirno fue en representación de la Argentina. El objetivo es reeditar la persecución de los movimientos de izquierda y para eso prevé un trabajo de inteligencia coordinado.
Marco Rubio, el secretario de Estado de Donald Trump, dijo que había llegado el momento de reeditar lo que se había hecho décadas anteriores en la lucha contra los movimientos de izquierda. Con Estados Unidos como punta de lanza, la administración piensa en una coordinación que implique el intercambio de inteligencia y el trabajo mancomunado de las fuerzas de seguridad en una batalla que desafía las fronteras de los países –como pasó con la Doctrina de Seguridad Nacional, donde las únicas fronteras que importaban eran las ideológicas–. La estrategia de la Casa Blanca fue exteriorizada en una cumbre que se convocó este jueves, mientras todas las miradas están centradas en el Mundial de Fútbol, y en la que participó el canciller Pablo Quirno –que representa el alineamiento automático de Javier Milei con las directivas de Trump.
El Departamento de Estado fue sede de una conferencia sobre el resurgimiento del “terrorismo político”. Desde el inicio, quedó claro que era una vuelta al pasado. Quien ofició de presentador de las jornadas empezó a hablarles a quienes habían crecido en los ‘70 y cerró con lo que, para él, era un mensaje alentador: ese fenómeno que llaman terrorismo político “puede ser derrotado porque ya fue derrotado”.
En la sala estaban representados más de 60 países a través de funcionarios y académicos, dijeron las autoridades de los Estados Unidos, que, en su discurso, volvían a la época de la Guerra Fría en la que Washington alentó golpes de Estado en la región que se dedicaron a perseguir a la militancia de izquierda a través del secuestro, la tortura, la muerte y la desaparición.
Rubio, hijo de disidentes cubanos, fue la estrella principal de la jornada en la que se bajó la línea que pretende Trump para luchar contra la izquierda. “Bajo la dirección del presidente Trump, Estados Unidos, por primera vez, está construyendo la estrategia para luchar contra el flagelo del terrorismo de extrema izquierda”, se entusiasmó Rubio.
De acuerdo con el discurso del secretario del Departamento de Estado norteamericano, durante 25 años, la atención del contraterrorismo estuvo centrada en la Jihad islámica después de los ataques del 11 de septiembre de 2001. Sin embargo, a su entender, la amenaza no desapareció –básicamente porque sigue existiendo migración–, pero se redujo notablemente.
Los tiempos cambiaron y, para la administración Trump, llegó el momento de apuntar los cañones hacia el enemigo interno. “Nuestra doctrina de contraterrorismo tiene un punto ciego cuando se trata de la violencia de la extrema izquierda”, señaló.
Rubio no ahorró a los presentes una larga perorata sobre la doble vara. Según él, los medios y la academia no dudan a la hora de hablar de un acto de terrorismo si una bomba es colocada por un neonazi, pero hablan de un “trágico exceso de idealismo” si el atacante es un “revolucionario marxista”.
Hábil, Rubio adelantó que su discurso sería caracterizado como una conspiración fascista. Aún así no se privó de poner como ejemplos de lo que había que combatir a Montoneros o Tupamaros para que quedara clara la alusión a los años ‘70.
¿Cuál fue el contexto que le dio plafón a Trump para convocar a esta cumbre? Según su canciller, una serie de eventos que tuvieron lugar en Europa: la muerte de la madre de una excandidata de un partido conservador de Grecia por un atentado con explosivos, el sabotaje que en enero dejó sin luz a Berlín, la golpiza que mató a un estudiante de extrema derecha en Lyon en febrero. En último lugar, Rubio mencionó ataques contra Trump y el asesinato de su aliado, el comentarista conservador Charlie Kirk. En septiembre pasado, Milei despidió a Kirk en redes sociales. “Fue víctima de un asesinato atroz en medio de una ola de violencia política de izquierda en toda la región. La izquierda es siempre en todo momento y lugar un fenómeno violento lleno de odio”.
El diagnóstico de Milei no parecía muy distante del que exteriorizó Rubio en Estados Unidos ante la atenta mirada de Quirno. Lo que no hubo fueron demasiadas definiciones sobre qué es lo que entiende la Casa Blanca como terrorismo de extrema izquierda. O quizá fue una definición demasiado amplia. Rubio habló de un “resentimiento ponzoñoso disfrazado de un lenguaje de igualdad, justicia y liberación”. La batalla cultural por otros medios –o a través de otras armas–.
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, encabezó un encuentro en Washington con representantes de 66 paísesEl secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, encabezó un encuentro con representantes de 66 países para combatir el terrorismo de izquierda. Prensa -Rubio reiteró, con una prédica propia de la Guerra Fría, que el llamado terrorismo de izquierda desprecia a Occidente y, por ende, los países que allí estaban reunidos enfrentan una amenaza transnacional. Aprovechó para decir que, después del secuestro de Nicolás Maduro en Venezuela, Cuba pasó a estar en la mira de Trump por haber favorecido la expansión de la izquierda en el continente. “No tenemos otra opción más que enfrentarlos”, insistió.
“Debemos identificar y mapear esta amenaza, así como reconstruir nuestra arquitectura antiterrorista para derrotarla, tal como lo hemos hecho juntos anteriormente”, subrayó el jefe del Departamento de Estado.
Por si no cabían dudas, Rubio explicó cuáles serían los mecanismos para avanzar contra las izquierdas: el intercambio de inteligencia e información, las estrategias coordinadas entre las fuerzas del orden y las acciones dirigidas a desmantelar las redes financieras que sostienen a esos grupos.
En el pasado, quedó claro que, bajo la atenta mirada de Estados Unidos, las dictaduras intercambiaban información para perseguir a los activistas de izquierda. A partir de 1975, eso se materializó en lo que se conoció como el Plan Cóndor, que tuvo su reunión fundacional en Chile –donde gobernaba Augusto Pinochet tras derrocar, con el apoyo de la CIA, a Salvador Allende–. Para la justicia argentina, el Plan Cóndor fue una asociación ilícita de alcance regional –que incluyó las torturas en distintos países, el intercambio de prisioneros, el robo de niños y los atentados en distintas latitudes–.
En la reunión también estuvieron el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el titular del Buró Federal de Investigaciones (FBI), Kash Patel. Stephen Miller, consejero de Trump en asuntos de seguridad nacional, fue uno de los que tomó la palabra para explicar que el presidente de los Estados Unidos había firmado en noviembre pasado el llamado Memorándum 7, que faculta a las fuerzas de seguridad y las agencias de inteligencia a trabajar conjuntamente para atacar lo que se considere terrorismo de izquierda.
Según publicó The Washington Post, a mediados de junio el Departamento de Estado envió un cable a 20 embajadas consultando sobre grupos o activistas de izquierda. Entre las embajadas que recibieron la comunicación estaban las de Argentina, México, Italia y Albania.
Los organismos de derechos humanos consultados por este diario estaban siguiendo el tema con mucha preocupación. La diputada Myriam Bregman, del FIT-U, fue una de las primeras en advertir en sus redes sociales sobre la reunión que tendría lugar en Estados Unidos. En diálogo con Página/12, Bregman sostuvo que Trump estaba organizando la persecución internacional.
Horas antes de que la cumbre tuviera lugar, Milei reasignó partidas presupuestarias. Una de las áreas beneficiadas fue la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE), que recibió 7500 millones de pesos para gastos reservados. “No es una suma menor”, dijo una fuente que conoce el funcionamiento del organismo.
En octubre pasado, Milei anunció la creación de un centro nacional antiterrorismo que actuaría en la órbita de la SIDE, pero cuya fase ejecutiva estaría manejada por el Ministerio de Seguridad. Más allá de un cambio de nombre, el Gobierno no volvió a hablar del tema.
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