POLITICA Entre denuncias y silencios, Milei sostiene a Adorni y expone grietas dentro del gabinete libertario
06/05/2026
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Mientras crecen las dudas internas por las denuncias contra Manuel Adorni, Javier Milei lo respalda sin matices y marca un contraste con otras salidas del Gabinete. El silencio de ministros, el temor a contradecir al presidente y una lista de bajas que dejaron huella en la gestión.
La decisión está tomada y no hay margen para interpretaciones: Javier Milei no va a soltarle la mano a Manuel Adorni. Aun con el ruido que generó la declaración del contratista Matías Tobar, que habló de un pago en efectivo de USD 245.000 por refacciones en una casa del country Indio Cuá, el Presidente eligió cerrar filas y sostener a uno de sus funcionarios más expuestos.
El impacto interno fue inmediato. La cifra mencionada no estaba en los cálculos de buena parte del oficialismo y el tema volvió a golpear donde más le duele al relato libertario: la bandera anticasta. Puertas adentro, varios dirigentes coinciden en que el jefe de Gabinete debería correrse momentáneamente para aclarar su situación patrimonial, aunque casi nadie se anima a decirlo en público.
La incomodidad atraviesa distintos sectores. No se trata solo de diferencias personales con el funcionario, sino del desgaste que generan las revelaciones. Incluso quienes creen que existe una vara desigual respecto de otros gobiernos reconocen el problema.
El punto es que esa mirada no llega al despacho presidencial. El motivo es más político que ideológico: miedo. Nadie quiere pagar el costo de confrontar con el líder libertario. En ese esquema, los ministros esperan ser consultados, pero no toman la iniciativa.
La dinámica interna es clara. Las reuniones con el presidente evitan estos temas y se concentran en la gestión cotidiana. Las conversaciones sobre el caso existen, pero se manejan en estricta reserva.
En ese contexto, el respaldo de Milei a Adorni no se movió ni un centímetro. El mandatario interpreta las denuncias como parte de una operación coordinada y repite que no va a “entregar” a alguien de su confianza. La defensa también se expresó en redes sociales, donde el propio jefe de Estado cuestionó la verosimilitud de los montos mencionados.
Los gestos políticos acompañan esa postura. El vocero fue convocado a actividades oficiales en Casa Rosada, participó de encuentros institucionales y tiene lugar asegurado en la próxima reunión de Gabinete.
El rol de Karina Milei también aparece como clave. Dentro del esquema de poder libertario, su aval es determinante para cualquier cambio de nombres. Por ahora, la lógica es sostener al círculo más cercano, una estrategia que ya se aplicó en otros episodios conflictivos.
Sin embargo, ese criterio no fue uniforme en toda la gestión. En paralelo al caso de Adorni, el Gobierno aceptó la salida de Carlos Frugoni, luego de que se conociera que no había declarado propiedades en Miami y sociedades en Estados Unidos. Allí, Luis Caputo le pidió la renuncia y el funcionario dejó su cargo, marcando un contraste evidente.
Ese doble estándar se vuelve más visible cuando se repasa la lista de bajas en estos dos años. La salida de Diana Mondino estuvo atravesada por tensiones en política exterior y diferencias internas. Guillermo Francos también dejó su lugar en medio de reacomodamientos políticos. Mariano Cúneo Libarona quedó envuelto en cuestionamientos por su desempeño y exposición mediática. Diego Spagnuolo, por su parte, se fue en medio del escándalo por presuntas coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), luego de que se filtraran audios donde reconocía el pago de coimas por quinientos mil dólares mensuales por parte de una empresa vinculada al presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem.
Cada una de esas salidas tuvo su propia dinámica, pero en conjunto dibujan un patrón: cuando el costo político es manejable o el funcionario no pertenece al núcleo duro, el Gobierno avanza con cambios. Cuando se trata del círculo de máxima confianza, la lógica es resistir.
Mientras tanto, Adorni logró atravesar su última presentación en Diputados y, por un momento, en el oficialismo creyeron que el tema empezaba a quedar atrás. La idea era retomar la agenda y normalizar la situación. Pero la aparición de nuevos elementos volvió a poner todo en pausa.
El escenario que se abre es incómodo. Un funcionario sostenido a toda costa, un Gabinete que murmura en privado y una conducción que no admite fisuras. En ese equilibrio inestable, el Gobierno apuesta a resistir el desgaste sin modificar su esquema de poder.
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